viernes, septiembre 17, 2010

Una ilusión al comienzo de curso en un instituto de la Comunidad de Madrid

Una de mis hijas comenzó esta semana sus clases de 1º de Secundaria en un centro público de la Comunidad de Madrid, de esos que dice Esperanza que están llenos de gente vaga y liberados sindicales... cuando se trata como basura los servicios públicos, se corre el peligro de identificar a sus usuarios con esa misma basura. Pero volvamos a la historia.
Es verdad que el centro tiene muchos pecados que conspiran para el fracaso. El centro no se caracteriza por su innovación, es rancio; en un entorno con naturaleza e historia penaliza a los profesores que intentan promover su exploración; no facilita la expresión entre los estudiantes, sus paredes están limpias desde el primer día; le preocupa el orden, lo que es de agradecer, pero utiliza el Reglamento de Régimen Interno para disciplinar, no para educar; desconoce el sentido de la tutoría, mientras los padres llenan las reuniones dejando sin pretexto a los que quieren acabar con este martirio de informar a los padres; donde el tutor no tiene programa ni criterios de evaluación de los compañeros docentes del curso; los profesores que no tienen la obligación de la tutela no reciben a los padres de alumnos con dificultades, es un problema de los tutores oficiales; ante la duda, prohibe; tiene un índice de absentismo docente preocupante; en un pueblo en que ya sólo nieva una capa de un centímetro dos veces al año esos días falta la mitad del claustro; tiene un índice de un 40% de fracaso escolar, en una comunidad mixta, con gente modesta junto a profesionales liberales que confían en la educación pública; pone en marcha proyectos internacionales de los que no tiene conciencia de sus objetivos. Es un centro donde sólo "el que vale, vale", y uno tiene la sensación de que flota en el ambiente la idea de que la Secundaria es un filtro social necesario para desnortados.
Tiene algo bueno: los chicos del pueblo van al instituto con sus vecinos, y luego pueden jugar o quedar.
Hoy me cuenta mi hija, entusiasmada, que en Tecnología van a hacer un proyecto de un edificio, croquis, que luego volcarán al ordenador, y una maqueta.
Qué bonito esa ilusión de sus ojos, y cuánto deberíamos agradecerle a profesores que consigan mantenerla con ese proyecto este curso y los próximos seis años. Me gustaría que ocurriera más veces.

3 comentarios:

Jordi Adell dijo...

Es estupendo que en medio de todo lo que cuentas, haya un profesor con una idea que ilusione a los chicos y chicas.

Un mensaje bonito: a pesar de todo, siempre hay esperanza (con minúscula :-))

Joaquín Paredes dijo...

Eso... con proyectos ilusionantes

Anónimo dijo...

También al comenzar el curso en un máster te encuentras con algún profesor que presenta un plan de trabajo ilusionante (aunque sea ambicioso, duro y te quite el sueño) gracias